Boris Johnson y su partido conservador han obtenido una victoria electoral que no conocían desde que la también conservadora Margaret Thatcher ganara su tercer mandato en 1987. Y el socialista Jeremy Corbyn ha logrado la hazaña de hundir a su partido laborista a profundidades que no veían desde hacía 80 años. Y todo gracias al Brexit, ese monstruo de inmensa capacidad desintegradora que no solamente va a desgajar a Gran Bretaña de Europa, sino que lleva décadas desgarrando a la sociedad británica. ¿Logrará esta victoria arrolladora del adalid del Brexit zanjar el problema del Reino Unido con Europa y los desgarramientos que lo aquejan?

La relación del Reino Unido con Europa siempre ha sido conflictiva y ambigua. Los ingleses nunca quisieron formar parte del núcleo duro de la integración europea. Ya lo decía en 1953 Winston Churchill, supuestamente el más europeísta del liderazgo inglés: “… estamos con Europa, pero no parte de ella…. Estamos vinculados, pero no absorbidos”. Querían que Europa se uniera, colaboraban incluso activamente para ello, pero nunca aceptaban trasladar poder soberano a instancias supranacionales. Y cuando alguna vez se veían obligados a hacerlo, siempre se reservaban la opción de salida o un menú especial a la carta.

Durante los primeros tres lustros después de la II Guerra Mundial, los británicos no sintieron que necesitaran Europa. Pero cuando Europa empezó a progresar al mismo tiempo que el Imperio se derrumbaba y Gran Bretaña quedaba rezagada económicamente, la actitud frente al proceso de integración europea cambió y Harold Macmillan, primer ministro conservador, tuvo que solicitar en 1961 formalmente la incorporación de su país a la Comunidad Económica Europea. Fue al tercer intento y después de abandonar el General de Gaulle el poder, cuando finalmente fue aceptada la solicitud de admisión en 1969.

El interés británico, sin embargo, no iba más allá de una integración comercial dentro de un mercado común de bienes. Por eso es que cuando Europa daba pasos hacia una integración más profunda que implicara cesión de soberanía, la sociedad británica siempre se mostraba profundamente dividida entre europeístas y autonomistas. De ahí que el Acta Única Europea de 1985 y el Tratado de Maastricht de 1992 fueran ese paso de más que reavivó el viejo divorcio entre la Isla y el Continente. Margaret Thatcher, primer ministro desde 1979 hasta 1990, se fue sintiendo cada día más irritada con la Unión Europea. Adicionalmente, sobre el problema político con Europa se fue montando con el paso de los años el problema social. El declive industrial y minero sumió a vastas regiones inglesas en la pobreza. Era fácil culpar a Europa de los males de la globalización y manipular al mismo tiempo la añoranza de los viejos tiempos imperiales. Cuando los países de la Europa del Este se incorporaron a la Unión Europea y más de dos millones de ciudadanos de esos países emigraron a Inglaterra en la primera década de los 2000, el juego de echarles la culpa a los europeos se hizo todavía más fácil.

Más allá de estas manipulaciones populistas, la verdad es que Gran Bretaña siempre estuvo y sigue estando profundamente dividida respecto a Europa, división sobre la que se ha yuxtapuesto un grave problema social. Esto no va a cambiar cuando se produzca el Brexit, especialmente cuando los ciudadanos empiecen a sentir en unos años las consecuencias de esta decisión. La retórica populista conservadora ha repetido hasta la saciedad que todos los males, empezando por el desempleo, se debían a Europa, La terca realidad, sin embargo, es que el declive comparativo de la economía industrial británica viene produciéndose desde los años 60 y que el viraje hacia una economía de servicios se vió ampliamente facilitado por la integración con Europa y que, por consecuencia, sufrirá mucho cuando se produzca la salida.

El Brexit ha reavivado también el problema del independentismo en el Reino Unido. Los escoceses han votado masivamente a favor del Partido Nacionalista Escocés, que montó su campaña sobre la plataforma de la permanencia en Europa y del referendo sobre la independencia. Los Unionistas de Irlanda del Norte están irritados porque el acuerdo de salida negociado por Johnson los ata aún más a Irlanda y reavivará probablemente la pretensión de los nacionalistas de unificar Irlanda. Va a ser muy interesante observar hasta donde la magia populista de Boris Johnson sea capaz de manejar esta acumulación de problemas y resquebrajamientos.

3 thoughts on “¿Podrá la magia populista superar el trauma del Brexit?

  1. Excelente análisis de la situación económica, política y social de Inglaterra y su posición contraria a la integración con la Comunidad Económica Europea que se materializa con el Brexit. Felicitaciones Profesor.

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      1. Un fuerte abrazo. Gracias por compartir tus excelentes trabajos relacionados con materias tan especiales como esas que tu dominas a la perfección.

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